Las personas somos como el agua, nos movemos por las corrientes que nos empujan sin saber a veces dónde nos conducen...
Un día llegamos a la orilla y las rocas nos sujetan con fuerza para que no volvamos al agua... Pero si nos fijamos bien, no son simples rocas, sino personas que un día conocimos y que entraron en nuestras vidas sin más. Y día tras día, esas personas nos fueron dejando una huella que ni el propio viento fue capaz de borrar; una huella que dejamos en alguien a quien le hicimos sentirse especial. Qué bonito es sentirse especial frente a alguien que también tú quieres. Qué bonito es dejarse llevar por el viento a contracorriente si hace falta con tal de disfrutar de esos instantes con ese ser querido... Qué pena no poder parar el tiempo, pues si aunque tan sólo pudiésemos hacerlo un brevísimo instante lo aprovecharíamos hasta el máximo...
Ahora viene a mi cabeza esos pequeños momentos compartidos donde las palabras sobraban, donde prefería el silencio al ruido, donde me encontraba sentada, a veces aferrada a ti, por ese gran cariño que nos unía, con la mirada perdida mirando al mar, oteando el horizonte, sintiendo tan sólo la brisa en la cara y el leve sonido de tu respiración... Mi corazón palpitaba con más fuerza, pero era por la gran alegría que sentía en el interior, la gran alegría que invadía mi cuerpo al tenerte cerca, al teneros cerca... Ojalá y pudiera retenerte, ojalá y pudiera reteneros por más tiempo, que el reloj se parase toda la tarde, toda la noche, que no existieran las horas...
Eres especial, sois especiales hoy, mañana y para siempre, porque estaba triste y sola y me alegrasteis el día con vuestra presencia, con vuestra compañía, por eso sólo puedo decir: gracias por sacarme la sonrisa aun cuando mi ánimo no lo pretende [...].
Podría seguir contando muchas cosas más, seguir expresando los buenos sentimientos que guardo en mí, pero no puedo continuar haciéndolo, mi corazón me pide que calle, que guarde esa magia, la magia que comparto con esas personas queridas, una magia que aparece siempre que tú estás a mi lado, siempre que estáis a mi lado... callémonos por un momento, cojámonos de la mano, cerremos los ojos y dejemos volar nuestros pensamientos, que la magia vuelva a hacer su aparición, que vuelva a invadirnos llenándonos de una inmensa alegría... la alegría que yo siento cada vez que miro tu rostro, cada vez que miro vuestros rostros.
A esas dos personas capaces de crear magia cada vez que nos vemos...
Cuántas veces nos hubiese gustado que las cosas fueran de otra manera… Algo que sólo encontramos en las películas y que en numerosas ocasiones nos hace soñar. Soñar… una muy buena válvula de escape ante los problemas que a veces obstaculizan el avance de nuestra vida, pues al fin y al cabo, ¿a quién no le gustaría que su vida fuera maravillosa: sin contratiempos, sin baches, con rosas pero sin espinas? ¡Ah la vida!
Pese a todo lo malo, merece la pena vivirla y pensar en que la vida también puede ser bella si nos lo proponemos. Y es que tengo que decir que no siento para nada envidia a esa gente “ricachona” que desde siempre ha tenido todo, al contrario; me da pena que lleven una vida tan triste, aunque a simple vista no lo parezca.
Ellos tendrán dinero, poder y todo cuanto quieran, pero el dinero no da la felicidad, no puede comprar lo que yo tengo: una familia que me apoya en todo momento, que vela por mí noche y día; ni tampoco podrán comprar a mis amigos, mis queridos ángeles repartidos por toda la geografía, pilares fundamentales e indispensables para vivir con alegría todo tipo de circunstancias ya sean buenas o malas; los amigos que nunca me fallan, aquellos con los que sé que podré contar siempre que me hagan falta […].
Nunca desees cambiar tu vida por la de otra persona, afronta la realidad por muy dura que sea y piensa que antes de lo que crees, lo malo desaparecerá y lo bueno te invadirá dándote fuerzas para la próxima batalla. Nunca te des por vencido, no te aferres a la derrota, al contrario; engánchate a la esperanza, a la ilusión y da gracias al cielo por estar donde estás, por vivir una vida, ésa vida que te llega, te llena y te lleva por donde no has pensado.
Durante mucho tiempo me he encontrado en un hondo, en el fondo de un pozo del que pensaba que no saldría, y me dí cuenta que me encontraba en el mismo pozo de la historia del asno que al caer en él, su dueño en lugar de sacarlo decidió enterrarlo con tierra, pero cuál fue su sorpresa que cada palada de tierra que echaba creó un escalón, y otro y otro, hasta que finalmente, logró salir del pozo sano y salvo...
En estos instantes, me siento como ese asno, pues cuando pensaba que el final estaba cerca, una luz vino a mí, me cubrío y me dijo: "que nadie acabe con tus sueños" y al igual que el ave fénix decidí volver, decidí cambiar mi actitud pesimista por una más positiva, cambiar la tristeza por la alegría, la pena por la ilusión.
He tardado mucho tiempo en volver, pero nuevamente estoy aquí para recuperar lo perdido, para seguir mi sueño, mi camino e intentar por todos los medios no caer en esa trampa que durante tanto tiempo me ha tenido atrapada llegando casi a asfixiarme. En Ti confío, y prometo hacer cuanto sea necesario y luchar por mis sueños, aquellos que un día me propuse llevar a cabo y que pienso seguir luchando por ellos cueste lo que cueste.
"Que nadie acabe nunca con tus sueños, que nadie te frene hacer lo que más quieres en la vida", un sabio consejo a tener en cuenta.
Todo el mundo tiene en esta vida ángeles que velan por uno mismo, nos protegen, nos guían, nos guardan… por eso los llamamos ángeles de la guarda. Están ahí, en todo momento aunque pensemos que no es así, aunque no nos demos cuenta su existencia es real.
También hay que añadir que se aparecen de múltiples formas, es decir, su apariencia puede ser palpable o no pues, aunque todos son celestiales, algunos bajan del cielo para estar más cerca de nosotros, es Dios quien lo dispone, enviándolos a la tierra, son los llamados ángeles de la guarda de carne y hueso.
El mío lo conocí hace ya siete años. Dios lo mandó y lo puso en mi camino y hoy en día no podría vivir sin él.
Durante los primeros años, ni yo misma sabía que esa persona a la que tantísimo quiero hoy fuera la ‘enviada’, la persona que Dios dispondría para ayudarme en una nueva etapa de mi vida. Empecé a quererla prácticamente desde el primer día, y digo la porque en mi caso es una mujer aunque digan que los ángeles no tienen sexo.
Me bastaron tres años para darme cuenta que su presencia era algo imprescindible para mí, que debía ‘acercarme’ a ella poco apoco y conocerla para saber realmente si era la persona dispuesta por Dios o no y así fue, no me equivoqué.
¿Y por qué supe que ella sería mi ángel de la guarda en la tierra? Por todo lo que hasta el día de hoy he vivido con ella y por todo lo que me ha dado a lo largo de estos años.
Desde el primer día me ofreció su sonrisa, su simpatía, su amabilidad… Se preocupó por mí, me ofreció su amistad para todo y en todo momento y me dio su cariño, un cariño que me tenido de quienes debería tener, que muchos no me han dado y ha hecho tanto por mí… Ella ha sido y seguirá siendo una de mis estrellas, la que guía mi camino por buenas sendas, hace todo cuanto está en su mano para que nunca esté sola, para que no me pierda.
Le debo tanto… que siempre me faltarán palabras para agradecerle todo el bien que por mí ha hecho y sigue haciendo….
Gracias por existir y gracias a Dios por haberte puesto en mi camino.
A lo largo de los años, después de un largo camino podemos decir que la vida nos enseña muchas cosas: unas buenas, otras malas pero al fin y al cabo ahí están sí o sí.
Se dice que los momentos de ‘desgracia’ son más numerosos que los momentos de alegría, aun así, creo que lo mejor que podemos hacer es quedarnos con lo bueno y olvidar lo malo, todo aquello que nos hace daño, pues para desgracias bastante tenemos con las catástrofes naturales que no son pocas…
Hoy la catástrofe ha invadido tu hogar, y te parece el fin del mundo, todo es oscuro, no hay salida, la sombra te acompaña por todas partes y no sabes cómo luchar contra todo esto… Pero sin darnos cuenta, vemos que hay luz, que por muy pequeña que sea está ahí encendida, ante nosotros, y que lo único que tenemos que hacer es aferrarnos a ella para salir adelante.
Ya he dicho en otras ocasiones que las luces son el cariño y el amor de unas personas hacia otras, las palabras de apoyo, una mirada, un gesto, un déjame que sea tu hombro en el que apoyarte por una sola vez…
Juntos podemos hacer que las catástrofes sean menores, que se solucionen antes de lo que pensamos.
Puede que un amigo ahora mismo te esté llamando pidiendo tu ayuda, escúchalo, y deja todo por estar junto a él, hoy por ti y mañana por mí.
Cuántas veces han intentado destruir nuestros sueños, nuestras ilusiones, nuestras alegrías… y no lo han conseguido.
Cuántas veces han intentado pisotearnos, humillarnos, borrarnos del mapa por así decirlo… y no lo han conseguido.
Hemos tenido que superar miles y miles de obstáculos, a veces difíciles de sobrepasar pero siempre de un modo u otro hemos conseguido llegar a la meta, llegar hasta el final, ése, que muchos pensaban que sería imposible alcanzar.
El empeño, el ahínco, la tenacidad, las ganas de luchar y muchas cosas más permiten que todas esas trampas, esas adversidades que encontramos en nuestro camino desaparezcan como por arte de magia.
Es verdad que muchos retrocederán porque se sentirán perdidos y buscarán refugio, el amparo de alguien que pueda ayudarles; pero que alguien te ayude cada momento que lo necesitas no tiene mérito, en esos caminos colmados de pinchos, de zarzales no siempre podemos contar con nuestro ángel protector, sino que debemos ser capaces de afrontar todo lo que se nos plante, todo aquello que no nos deje pasar. Sacar nuestro machete, ése que hicimos un día que nadie nos ayudó a fabricar, e ir cortando cada rama, cada liana enmarañada que nos estorba al pasar.
Comenzar solo el camino es de gran valía, pues si nos caemos nos tenemos que levantar solos por nuestra propia cuenta, pero ¿y la gran satisfacción que produce cuando vamos llegando a la última etapa?
A todas esas personas que a lo largo de su vida han encontrado dificultades, dedico este artículo, en especial a esas personas que están a punto de ver el final de ese duro camino, no estáis solos, así que seguid luchando, ¡llegar a la meta tiene su recompensa!
Y para que estas palabras no sólo sean palabras, os dejo una bella canción que viene a decir que pese a todo lo malo, hay que seguir cantando, cantando como la cigarra, como Luz Casal sigue cantando después de vencer hace poco un gran obstáculo, la enfermedad del cáncer.
Hoy quisiera utilizar una de las canciones de Antonio Flores pero cambiando un poco la letra. Hablo de la canción, una espina, ésa que dice: "Una espina se clavó..." y quisiera cambiar la frase por "Una estrella se apagó..."
Una estrella se apagó, pero el resto del cielo, iluminado siguió.
Una estrella se apagó, se apagó una estrella,
Pero ¿por qué tiene que ser la tuya y no la de otro cualquiera?
Qué oscuro lo vemos todo cuando hay algo que cubre nuestros ojos y no nos deja ver. Esa oscuridad de la que a veces es imposible salir, y por más que tanteamos a diestro y siniestro, resulta complicado encontrar el interruptor para encender la luz.
Por muchas estrellas que se apaguen,
Siempre habrá otras encendidas
Para que sigamos contemplando el cielo
Cada noche a lo largo de nuestra vida.
Cuando los problemas nos invaden, es difícil salir del túnel, y ahí, justo ante nosotros se planta un tabique que cuesta trabajo tirar, pues no siempre tenemos las herramientas adecuadas.
Y yo me pregunto, ¿qué es una estrella
Para que tanto nos guste observarla?
-Un cuerpo celeste que brilla con luz propia...
Pues yo no estoy de acuerdo con esta definición.
Una estrella, no es un cuerpo celeste,
Es un ser humano: un amigo, una madre, un ser querido, un hermano...
Las personas brillamos con luz propia, pero no siempre nos damos cuenta de ello. Brillamos sí, brillamos gracias a todo lo que nos rodea, a todas las personas que tenemos cerca y que nos hacen felices; todas esas personas que te alegran la vida a partir de una simple sonrisa, una mirada, un beso... Y si brillamos es porque esa mirada, esa sonrisa, ese beso son pequeñas lucecitas que van formando nuestro ser, que tenemos en el interior de nuestro cuerpo. Por tanto, si la luz con la que brillamos es muy fuerte y hermosa, se debe a la cantidad de personas que nos quieren, a todas esas pequeñas cosas que nos han dado.
Qué triste es vivir sin amor, qué triste es levantarse cada mañana sin tener a tu lado alguien que te diga esas palabras tan simples y a la vez tan hermosas… Ese te quiero que sale de los labios de una persona hacia ésa otra que tanto ama. […]
La vida sin amor, no tiene sentido. ¿De qué sirve vivir si no amas? No hay nada más bonito que amar, sentirse amado, ofrecer tu amor en las pequeñas cosas de cada día, expresar tu amor a la persona que más quieres en este mundo, a tu familia, a tus hijos… No amar es como un jardín sin flores, como un cielo sin estrellas pese a que no siempre podemos verlas…
Ama, ama hasta la eternidad, ama con todas tus fuerzas. No te calles y ama. ¿De qué sirve compartir si no hay amor en ello? […]
Porque la felicidad está en las pequeñas cosas, porque los sueños siempre existirán en la mente de todo el mundo, y por mil cosas más, ten siempre una MIRADA VIVA hacia todo cuanto te rodea.
La mejor medicina para ser feliz.